El pasado lunes, como todos los lunes desde hace unas semanas, impartí mi clase de “Grabación Musical” en la Escuela Superior de Imagen y Sonido CES y terminé la sesión compartiendo con mis alumnos unos enlaces a tráileres de películas relacionadas con la música.
Al enumerar mi lista el comienzo fue bastante “cool” con “8 miles” de Eminem (pude percibir que mis alumnos “hiphoperos” sonrieron discretamente), después les mencioné la historia de la Chess Records, bien documentada en “Cadillac Records” y las miradas se tornaron en una mezcla de expectación e incertidumbre. Les hablé del blues del Delta y de la migración de postguerra a Chicago, de la electrificación y de Muddy Watters… enseguida percibí que me estaba metiendo en “aguas cenagosas”. Repasamos más títulos: “Oh! Brother”, que me permitió recordarles que Hommer (Simpson) toma su nombre de pila de otro Homero más clásico, la reciente “Rock of Ages”, la genial “Mo Better Blues” de Spike Lee, “The Commitmens”, ” Walk the line”, “The Doors”, “The Last waltz”, “The Wonders”, “Bird”, “Great Balls of Fire” y “Crossroads” sonaban para ellos igual de desconocidas que para mi la lista de los Reyes Godos.
El momento álgido de la clase llegó cuando les hablé de Ricardo Valenzuela, más conocido como Richie Valens y de su trágica muerte en una avioneta junto a Buddy Holly (a este último lo conocían de oídas un par). Les expliqué que una película de bajo presupuesto que se llamaba “La Bamba” consiguió una enorme repercusión y que logró volver a situar años después el tema que daba nombre al film en las listas de éxitos de todo el planeta. Por supuesto, como si les estuviese hablando en chino mandarín… En ese momento recordé que mi pelo hace ya tiempo que toma un matiz plateado y que tal vez mis alumnos ni siquiera habían nacido por aquel entonces… sí, ya se que “The Last Waltz” es mas antigua, pero no se puede comparar a The Band, Clapton, Dylan, Morrison (Van) y compañía con el bueno de Ricardo Valenzuela. Terminé la clase y despedí a mis alumnos hasta el próximo lunes.
De vuelta por el pasillo, camino a mi despacho, sentí que la nostalgia se estaba haciendo fuerte en mi interior provocando una aluvión de recuerdos del cine Ideal de Alicante, cerrado hace ya demasiado: el bar de azulejos, la máquina de palomitas, la taquilla situada a una altura más baja de lo habitual y esa báscula roja y negra de aguja maniatada a la verja de la entrada. Cristalinamente en mi mente apareció la imagen de mi padre, el patio de butacas y el proyector arrancando su motor, soltando una ráfaga de luz acompasada por el traqueteo de la bobina moviendo el celuloide. Sonaron en mi cabeza los primeros acordes de “La bamba” y la sensación de felicidad comenzó a trepar por mis piernas hasta llegar a arrancarme una sonrisa.
Me senté en mi mesa, fui al Google Chrome, tecleé imdb.com y busqué la ficha de la peli. Superlativa fue mi sorpresa cuando leí “1987″, si: “mil novecientos ochenta y siete”. Mi cara se volvió un poema, y me puse a hacer cuentas rápidas con los dedos… repasé las cuentas por si me havía equivocado, pero no, el cálculo era correcto, ¡habían pasado 25 años! Y yo crecidito, relatándole los detalles de esta antigualla a mis alumnos…
Quedé, como se suele decir, como un “carca” y probablemente fliparon conmigo, pero he de confesar que la sonrisa que brotó de mi cuando estaba solo en el pasillo posiblemente fue el mejor momento del día.
VM
