Desde la segunda línea

Es habitual en los desfiles de carnaval de New Orleans (Louisiana, USA) ver a las “Brass Bands” (bandas de música de metales) interpretar animadas melodías de jazz mientras recorren las principales avenidas de la ciudad. A estas formaciones de músicos callejeros se las conoce como “First line” (primera línea) y al mas puro estilo del flautista de Hamelin, atraen a una muchedumbre que baila siguiendo el ritmo y el recorrido urbano dando forma a lo que se conoce como “Second line”.

Se cree que el origen de estas segundas lineas, proviene de la cultura afroamericana en los tiempos de la esclavitud, cuando los niños bailaban dibujando un círculo alrededor de sus progenitores imitando sus danzas cada domingo en la plaza de Congo Square.

El viernes por la mañana, al día siguiente del concierto de debut de Vini Maio, recibí un “guasáp” con unas palabras muy cariñosas de un amigo en las que me trasladaba su admiración por la “gente que tiene la capacidad de abandonar la segunda línea y plantarse solos delante de la peña”. Me animaba a seguir creando, “ya sabes que lo puedes hacer”, apuntaba.

La experiencia de tocar en directo es inigualable, y hacerlo desde la primera línea es radicalmente diferente a cómo lo he hecho cientos de veces anteriormente como guitarrista, pero lo mas hermoso que pude sentir el pasado jueves fue experimentar el  ”hacerte mayor” al igual que lo hicieron en su día aquellos niños de Congo Square.

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Sound City (la película)

Anoche, cerveza en mano, terminé de ver el magnífico documental firmado por Dave Grohl sobre el mítico estudio de grabación de Los Ángeles. No voy a comentar el hilo argumental ni los detalles, porque seguro que me dejaba algo importante entre todos los momentos mágicos que se narran, pero si voy a describir mis sensaciones, por supuesto con la venia del publico.

Sound City (la pelíicula)

Los grandes estudios son dinosaurios: míticas y poderosas bestias en extinción. Condenados al ostracismo, enfermos por el paso del tiempo y la falta del caro mantenimiento que anhelan, apenas quedan en nuestro país unos pocos ejemplares vivos. La industria del disco ya no los necesita y  no está dispuesta a sufragar su seguro médico,  pero a pesar de ello, nadie puede quitarles la dignidad ganada con tantas y tantas producciones a sus espaldas.

Me consuelo pensando que he tenido la suerte de vivir el ocaso de estos monstruos sonoros y de que he podido sentir la experiencia de grabar algún disco en ellos antes de que desaparezcan para siempre.

No obstante, y análogamente, he de confesar que tengo un sentimiento encontrado porque desde 1996 tengo un estudio casero, que ha mutado en multitud de ocasiones trasladándose por varias ciudades, en el que he grabado cientos de canciones y obras para televisión y publicidad. Con escasos medios y mucha paciencia he llegado a generar material con una calidad mas que aceptable. Este hecho me lleva a la reflexión de que la grabación musical (gracias al avance de las tecnologías y del software específico) ha sufrido un proceso de socialización, proporcionando el acceso a casi cualquier persona deseosa de crear, dejando de ser un patrimonio exclusivo de la élite asentada en la industria de los contenidos audiovisuales y del entretenimiento.

No puedo predecir el futuro, pero quién sabe, tal vez en un horizonte no muy lejano se pueda recuperar el estatus merecido de alguno de estos viejos estudios y conseguir que trabajen de la mano con los miles de “homestudio” que invaden las habitaciones de nuestras casas.

VM

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Epiphone Experience

Ha llovido ya desde que B.B. King publicó “Deuces Wild” (1997), álbum de duetos secuela del exitoso “Lucille & Friends” (1995).Imagen

Por aquel entonces yo estudiaba en en el campus de Gandía (sin el “Shore“) de la Universidad Politécnica de Valencia y hacía los primeros pinitos grabando pistas de audio con mi nuevo ordenador Pentium y mi tarjeta de sonido Guillemot Home Studio Pro 64.

Con el fin de promocionar el nuevo lanzamiento de King (que además iba a realizar una gira por la piel de toro de la mano de Raimundo Amador)  El Pais de las Tentaciones publicó el anuncio de un concurso titulado “Los cachorros de Lucille” en el cual se animaba a las promesas del blues patrio a participar enviando una maqueta.

Tres guitarras Epiphone modelo Lucille firmadas por el propio B.B. serían los trofeos a lidiar en tres sendas finales a celebrar en las tres tiendas FNAC que flamantemente acababan de inagurarse en nuestro pais: Madrid, Barcelona y Valencia

Ni corto ni perezoso llamé a mis amigos Juan Carlos Aracil (El Bicho), Juanra Arnáiz y Vicente Miras (los dos últimos del grupo Guaraná) para preparar una maqueta con un tema original y una versión del “Everyday I Have The Blues“.

Nos seleccionaron y fuimos a Valencia a actuar: tocamos y ganamos. El trofeo era nuestro.

Muy generosamente mis camaradas dejaron que me quedara con la guitarra y yo les obsequié con unas viandas en la casa de mis padres de Alicante.

Desde aquél momento, la Epiphone Lucille firmada por el astro del blues me ha acompañado en multitud de conciertos, vídeos y sesiones de fotos. Siempre ajustada a la perfección, preparada para la acción y sin decir ni mú. Mi chica dice que es la guitarra que mas le gusta de todas las que tengo y he de confesar que su gusto es exquisito :-)

Hace unas semanas me enamoré de una nueva “Epi“, en concreto una acústica modelo “Dove Pro“. Gran sonido, tacto agradable, con una pastilla Fishman que suena deliciosa y una apariencia que mejor juzguen  ustedes con sus propios ojos. No tardé mucho en sacar la Visa para llevármela a casa.

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Hacer apología de las marcas no es una de mis prácticas habituales,  pero mi experiencia con las guitarras Epiphone ha sido siempre muy positiva, y creo que su relación calidad/precio es inmejorable. Por ello me he decidido a escribir este post relatando y recordando mis vivencias con la marca hermana de Gibson.

Si a alguien le resulta de ayuda habrá merecido la pena.

VM

El Iphone nos hará inmortales

Si Isaac Asimov levantará la cabeza seguro que se daba un coscorrón eclipsado por la magia tecnológica de un pequeño Iphone.

Hace unos meses mi Iphone 4s decidió repentinamente saltar al vacío y darse un chapuzón en la taza del váter. Desde aquél día nunca fue el mismo: la cámara quedó empañada por el vaho, el wifi se esfumó, la sensibilidad en la zona inferior de la pantalla táctil quedó mermada, el micrófono no captaba nada y dejó de emitir sonido alguno. Sordo, mudo, ciego y con el tacto reducido, mi pequeño dispositivo celular, contra todo pronóstico, aguantó como un campeón. Estuvo ingresado en la UCI del secador (con su posterior refrigeración en el congelador) y fue sumergido durante varios días en un baño de arroz crudo, lo cual le proporcionó una leve recuperación de sus constantes vitales. Pero ya no fue el mismo, del wifi  nunca mas se supo y la sensibilidad táctil quedó lastimada para siempre.

Pasados 6 meses del incidente y habiendo hecho una previa copia de seguridad de sus datos, me decidí a repararlo. Cuando lo llevé al servició técnico me dijeron que no había solución y que me iban a proporcionar otro dispositivo nuevo.

Llegó el nuevo “cuerpo” y lo conecté al iTunes, restauré la copia de seguridad y allí estaba  todo de nuevo tal y como era antes. ¡¡¡Milagro!!!  Sin un rasguño, con todas las capacidades al 100% y con los recuerdos intactos, una obra maestra de la ingeniería de recuperación.

Asombrado por la capacidad regenerativa, me dio por pensar si llegará un día en el que la ingeniería genética humana será capaz de fabricarnos cuerpos nuevos, sanos, en perfectas condiciones y, ya que nos ponemos, pues con buen tipo y agradable rostro. Si además los de Apple nos programan una especie de software que se llame, por darles una idea “iHumans”, capaz de re-insertar nuestros registros cerebrales en ese nuevo cuerpo tendremos abierta la puerta a la inmortalidad. Ni santos griáles ni hechizos de brujas, ingeniería en estado puro.

Mis reflexiones no quedaron ahí, deduje que si además pudiésemos mandar los datos por radiocomunicaciones y fabricar los cuerpos (que podríamos denominar iContainers) en un tiempo récord, también podríamos viajar a la velocidad de la luz. Como no seria necesario el trasnporte físico de materia alguna (únicamente nuestra memoria codificada en unos y ceros)  los viajes interestelares a modo Star Trek también serían una realidad palpable.

Pero mi reflexión llegó un poco mas lejos, si algún día la humanidad abre la puerta a la inmortalidad: ¿la mantendrá abierta para todos,  o únicamente a la élite poderosa y acaudalada? Lo que sí es seguro es que todas la religiones se extinguirían de la tierra al igual que lo hicieron los dinosaurios.

Por el momento, me quedo con mi viejo/nuevo Iphone escuchando un poco de buena música y navegando a toda velocidad por Internet.

VM

Star Trek Transporter

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La sonrisa en el pasillo

El pasado lunes, como todos los lunes desde hace unas semanas, impartí mi clase de “Grabación Musical” en la Escuela Superior de Imagen y Sonido CES y terminé la sesión compartiendo con mis alumnos unos enlaces a tráileres de películas relacionadas con la música.

Al enumerar mi lista el comienzo fue bastante “cool” con “8 miles” de Eminem (pude percibir que  mis alumnos “hiphoperos” sonrieron discretamente), después les mencioné la historia de la Chess Records, bien documentada en “Cadillac Records” y las miradas se tornaron en  una mezcla de expectación e incertidumbre. Les hablé del blues del Delta y de la migración de postguerra a Chicago, de la electrificación y de Muddy Watters… enseguida percibí que me estaba metiendo en “aguas cenagosas”. Repasamos más títulos: “Oh! Brother”, que me permitió recordarles que Hommer (Simpson) toma su nombre de pila de otro Homero más clásico, la reciente “Rock of Ages”, la genial “Mo Better Blues” de Spike Lee, “The Commitmens”, ” Walk the line”, “The Doors”, “The Last waltz”, “The Wonders”, “Bird”, “Great Balls of Fire” y “Crossroads” sonaban para ellos igual de desconocidas que para mi la lista de los Reyes Godos.

El momento álgido de la clase llegó cuando les hablé de Ricardo Valenzuela, más conocido como Richie Valens y de su trágica muerte en una avioneta junto a Buddy Holly (a este último lo conocían de oídas un par). Les expliqué que una película de bajo presupuesto que se llamaba “La Bamba” consiguió una enorme repercusión y que logró volver a situar años después el tema que daba nombre al film en las listas de éxitos de todo el planeta. Por supuesto, como si les estuviese hablando en chino mandarín… En ese momento recordé que mi pelo hace ya tiempo que toma un matiz plateado y que tal vez mis alumnos ni siquiera habían nacido por aquel entonces… sí, ya se que “The Last Waltz” es mas antigua, pero no se puede comparar a The Band, Clapton, Dylan, Morrison (Van) y compañía con el bueno de Ricardo Valenzuela. Terminé la clase y despedí a mis alumnos hasta el próximo lunes.

De vuelta por el pasillo, camino a mi despacho, sentí que la nostalgia se estaba haciendo fuerte en mi interior provocando una aluvión de recuerdos del cine Ideal de Alicante, cerrado hace ya demasiado: el bar de azulejos, la máquina de palomitas, la taquilla situada a una altura más baja de lo habitual y esa báscula roja y negra de aguja maniatada a la verja de la entrada. Cristalinamente en mi mente apareció la imagen de mi padre, el patio de butacas y el proyector arrancando su motor, soltando una ráfaga de luz acompasada por el traqueteo de la bobina moviendo el celuloide. Sonaron en mi cabeza los primeros acordes de “La bamba” y la sensación de felicidad comenzó a trepar por mis piernas hasta llegar a arrancarme una sonrisa.

Me senté en mi mesa, fui al Google Chrome, tecleé imdb.com y busqué la ficha de la peli. Superlativa fue mi sorpresa cuando leí “1987″, si: “mil novecientos ochenta y siete”. Mi cara se volvió un poema, y me puse a hacer cuentas rápidas con los dedos… repasé las cuentas por si me havía equivocado, pero no, el cálculo era correcto, ¡habían pasado 25 años! Y yo crecidito, relatándole los detalles de esta antigualla a mis alumnos…

Quedé, como se suele decir, como un “carca” y probablemente fliparon conmigo, pero he de confesar que la sonrisa que brotó de mi cuando estaba solo en el pasillo posiblemente fue el mejor momento del día.

VM

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Día “D” hora “H”: el desembarco de “Doce”

Después de tres años he conseguido materializar uno de mis proyectos personales más ambiciosos: editar un disco en solitario. Para ello he creado un alter-ego que responde al nombre de “Vini Maio” y “Doce” es el título de su ópera prima.

12 canciones editadas en formáto físico y tambien disponibles en la red preparadas para ser compartidas con tod@s vosotr@s.

Si os pica la curiosidad os invito a visitar la web que he preparado para la ocasión: www.vinimaio.com.

VM

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